martes, 30 de marzo de 2010

Oh! Coal Black Smith


 




















Current 93 - Oh! Coal Black Smith  

+ FAUST ( F. W. Murnau ) + Guerra Civil Española

Oh she looked out of the window
As white as any milk
But he looked into the window
As black as any silk
Hello, hello, hello, hello
Hello you coal black smith
Oh what is your silly song?
You shall never change my maiden name
That I have kept so long
I'd rather die a maid yes
But then she said
And be buried in my grave yes
And then she said
That I'd have such a nasty
Husky dusky musty funky
Coal black smith
A maiden will I die
Then she became a duck
A duck all on the stream
And he became a water dog
And fetched her back again
Then she became a hare
A hare all on the plain
And he became a greyhound dog
And fetched her back again
Then she became a fly
A fly all in the air
And he became a spider
And fetched her to his lair

Man is a beast of prey
The beast of prey conquers contries
Founds great realms by subdigation of other subdigators
Forms states and organises civilisations in order to enjoy his brooding in peace
Attack and defence
Suffering and struggle
Victory and defeat
Domination and servitude
All sealed with blood
This is the entire history of human race

And she became a corpse
A corpse all in the ground
And he became the cold grey clay
And smothered her all around.


sábado, 27 de marzo de 2010

El marido complaciente

  Marqués de Sade - El marido complaciente

Toda Francia terminó por saber que el príncipe de Bauffremmont tenía más o
menos los mismos gustos del cardenal del que acabamos de hablar. Le habían
concedido por esposa a una señorita muy novata, a la que, según la costumbre, no
habían aleccionado hasta la víspera.
- Sin más explicación – dijo la madre -, porque la decencia no me permite entrar en
ciertos detalles, hay una sola cosa que debo recomendarte, hija mía; desconfía de
las primeras proposiciones que te haga tu marido, y dile con firmeza: no, señor, de
ningún modo es por allí por donde se posee a una mujer honesta; por cualquier
otro lado, tanto como le guste, pero por allí no, por cierto...
Se acuestan, y por principio de pudor y honestidad que no le habían siquiera
sospechado, el príncipe, queriendo hacer las cosas en regla por lo menos la primera
vez, ofrece a su mujer sólo los castos placeres del himeneo pero la jovencita bien
instruida, se acuerda de la lección:
- ¿Por quién me toma, señor? – le dice -, ¿se pensó usted que yo consentiría en
tales cosas? Por cualquier otro lado, tanto como le guste, pero por allí no, por
cierto...
- Pero, señora...
- No, señor, es en vano, nunca va a conseguir que consienta.
- Pues bien, señora, hay que satisfaceros – dijo el príncipe, apoderándose de los
altares que le eran caros -; me disgustaría mucho que se dijera que alguna vez quise
desagradarle.
Y que vengan ahora a decirnos que no vale la pena instruir a las chicas sobre lo que
deberán dar algún día a sus maridos.

lunes, 15 de marzo de 2010

El Muelle




       EL MUELLE
Y en el universo,
la curva del tiempo
es mucho más grande que una manzana,
se parece a una línea recta
que el hombre no quiere entender.
Allí,
antes que existieran
tus ojos,
Dios,
la Coca-Cola
y el teléfono,
el universo tenía sentido:
era una lámpara, una manzana,
una fábrica de ladrillos;
era un canto vertido en una copa.
Sin embargo,
el hombre con sus pilares,
parásito bajo el imperio del Sol,
al no poder descifrar su origen,
se llamó hijo de Dios,
para creerse heredero del universo.

Elías Letelier


jueves, 11 de marzo de 2010

Estás perdiendo la cabeza, Viskovitz


 

Estás perdiendo la cabeza, Viskovitz.

Alessandro Boffa


¿Cómo era papá? –le pregunté a mi madre.
Crujiente, un poco salado, rico en fibra.
Quiero decir antes de comértelo.
Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.
Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor, sino calorías. Gracias, papá, pensé. Sé lo que significa, para una mantis macho, sacrificarse por la familia.
Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere.
Al poco rato, como pensar en la muerte nunca dejaba de provocarme una erección, consideré llegado el momento de reunirme con Ljuba, el insecto al que amaba. La había cono­cido más o menos un mes antes, en el matrimonio de mi her­mana, que por otra parte era también el funeral de mi cuña­do, y había quedado prisionero de su cruel belleza. No habíamos dejado de vernos desde entonces. ¿Cómo había sido posible? Dios me había bendecido con el don más apre­ciado por nosotros, los mantis: la eyaculación precoz, condi­ción indispensable de cualquier historia de amor que aspire a no ser efímera. La primera semana había perdido sólo un par de patas, las raptatorias, la segunda el prototórax con sus anexos para el vuelo, la tercera...
¡No lo hagas, Visko, por amor de Dios! –empezaron a gritarme mis amigos Zucotic, Petrovic y López, encarama­dos en las ramas más altas.
Para ellos la hembra era el demonio, la misoginia una misión. Desde la metamorfosis sufrían algún tipo de desvia­ción o disfunción sexual, habían adoptado los votos del sacerdocio y se pasaban todo el santo día mascando pétalos y recitando salmos. Eran muy religiosos.
Pero no había oración que pudiese detenerme, no ahora, que oía el gélido suspiro de mi amada, el sombrío rumor de sus membranas, su fúnebre y burlona sonrisa. Me moví fre­néticamente en dirección a aquellos sonidos, con la única pata que me quedaba, apoyándome en mi erección, esfor­zándome por llegar a visualizar la gloria de sus formas, ahora que no podía verlas porque ya no tenía ocelos, ahora que no podía olerías porque ya no tenía antenas, ahora que no podía besarlas porque ya no tenía palpos.
Por ella había perdido ya la cabeza.



sábado, 27 de febrero de 2010

La Ciudad


[Toteninsel.jpg]

LA CIUDAD

    Dijiste:

    " Iré a otro país, veré otras playas;

    buscaré una ciudad mejor que ésta.

    Todos mis esfuerzos son fracasos

    y mi corazón como muerto, está enterrado.

    ¿ por cuánto tiempo más estaré contemplando estos despojos?

    A donde vuelvo la mirada,

    veo sólo las negras ruinas de mi vida,

    aquí donde tantos años pasé, destruí y perdí."

    No encontrarás otro país ni otras playas,

    llevaras por doquier y a cuestas tu ciudad;

    caminarás las mismas calles,

    envejecerás en los mismos suburbios,

    encanecerás en las mismas casas.

    Siempre llegarás a esta ciudad;

    no esperes otra,

    no hay barco ni camino para ti.

    Al arruinar tu vida en esta parte de la tierra,

    la has destrozado en todo el universo.


    1911  - Konstantino Kaváfis




Ver entrada relacionada ' Ítaca '

martes, 23 de febrero de 2010

¿Cómo te llamas?


¿CÓMO TE LLAMAS?


Incógnito, pasa el reloj golpeando su itinerario,
en una marcha rumbo al olvido:

se parece a tus manos que laboran,
a tus pies circunscritos a un agujero,
a tus ojos que no tienen derecho a soñar.

¡Yo insisto en quedarme!

Y mientras la piedra con su granulometría
y tenaz monopolio de memoria dura,
insonora consolida su áspero ligamento
en el basto ejercicio del concreto;
tú gritas y tiembla el mundo:
interrumpes el misterio de los palacios
y allí,
ellos consternados cierran los ojos
y expectoran en lo que tú podrías ser.

Para tu confesión con el lamento,
hay un postulado de tiros al blanco:
el estómago deshabitado de las cucharas
puede corroer los barrotes del universo,
estandarizar el oro y el cristal de las lámparas.

Y como el péndulo
que lengüetea la brisa,
para ti,
sólo hay lo que hubo:
un gran silencio
y eso es todo.
Elías Letelie

martes, 16 de febrero de 2010

Harder, Better, Faster, Stronger.



Work It
Make It
Do It
Makes Us
Harder
Better
Faster
Stronger
More Than
Power
Hour
Never
Ever
After
Work is
Over

Work It Harder Make It Better

Do It Faster, Makes Us stronger
More Than Ever Hour After Hour
Work Is Never Over

miércoles, 10 de febrero de 2010

Mi Capitán



       Mi Capitán
La nube venenosa
        es perfume mi Capitán;
los coágulos en la alambrada
        son rosas mi Capitán;
y los huesos dispersos,
        tallos de flores mi Capitán,
        plantas mi Capitán.
Veo bien
        todo mi Capitán.
¿Y lo que brilla como culatazo?
        ¡Perdón mi Capitán!
¿Es el invierno?
¿Alumbrado público?
        ¡Sí!
        Decoración, mi Capitán.
Elías Letelier

lunes, 1 de febrero de 2010

Para cuando sobrevenga el final




Y si solo queda silencio,
el insomnio de una canilla
que no se cansa de gotear.
Y si solo queda por contar
una historia sin historia,
la noche nula
de 40 cigarrillos
aplastándose sin sentido.
Y si solo se trata
de retratar siempre
el mismo paisaje siempre,
la misma ventana siempre,
la misma miseria siempre.
Y si este corazón se durmió
de anestesia local
y se siente superfluo
latiendo a medio motor,
llorando a lágrima falsa.
Y si solo quedó por disfrutar
esta paz de lexotanil,
este canto tedioso,
esta melodía monótona,
esta soledad de dos plazas.
Para cuando sobrevenga
el final improvisado
no quedará más que un
" resígnese hermano"
para pagar
la entrada a la eternidad,
o a la nada
que nos espere.
Nos quedarán solo
los músculos cansados, solo
los labios cansados, solo
las manos cansadas, solo
los dedos cansados, solo
para justificar
esta ausencia de existencia
que nunca nos cansamos
de dar por sobreentendida
presente, mediocre
e irónicamente
especial y eterna.
Gito Minore

sábado, 23 de enero de 2010

Margaritas



MARGARITAS
Fredric Brown



El doctor Michaelson estaba enseñando a su mujer, cuyo nombre era señora Michaelson, su combinación de laboratorio e invernadero. Era la primera vez que ella iba allí en muchos meses y se había añadido un poco más de equipamiento.
- ¿Entonces hablabas en serio, John, - le preguntó ella finalmente, - cuando me dijiste que estabas experimentando en la comunicación con flores? Creí que estabas bromeando.
- No del todo, - dijo el doctor Michaelson. - Al contrario de lo que cree la gente, las flores tienen un cierto grado de inteligencia.
- ¡Pero seguramente no pueden hablar!
- No como hablamos nosotros. Pero contrariamente a lo que la gente piensa, se comunican. Telepáticamente, eso sí, y en imágenes pensadas más que las palabras.
- Entre ellas quizás, pero seguramente...
- Contrariamente a lo que la gente piensa, querida, incluso la comunicación humano-floral es posible, aunque hasta ahora sólo he podido establecer comunicación en una dirección. Es decir, puedo captar sus pensamientos, pero no enviarles mensajes desde mi mente a la suya.
- Pero... ¿cómo funciona, John?

lunes, 18 de enero de 2010

Todo lo que ves es un conejo



Accidents Polipoétics -  Todo lo que ves es un conejo



 
 
Todo lo que ves es un cuento interminable que un conejo que ha visto la
Luna imaginó mientras perseguía con sus orejas dos ojos de espuma
putrefacta en el centro de un pubis que salía en un anuncio de la tele que
nunca llegó a emitirse por problemas con la ética moral de aquellos que no
saben que todo lo que vemos es un cuento insostenible que una mosca
disfrazada de conejo que viajó hasta la Luna imaginó una tarde mientras
seguía un partido de waterpolo en una emisora pirata que la radio
expansionaba por las ondas de una ciudad cualquiera una hora cualquiera
de cualquiera de las horas en que aquellos cuyas ideas no pueden
soportar el vacío dictaban una sentencia de muerte para todos aquellos
que osaran utilizar la palabra: PUBIS.

Todo lo que pienses podrá ser usado en tu contra. Todo lo que digas podrá
ser usado en tu contra. 

Todo lo que hagas podrá ser recordado y tarde o temprano pagarás por
ello. Ser blanco /joven /adulto /educado /leer el periódico /pagar tus
impuestos /ayudar a las ancianas /nada te servirá.  

Los tenderos llamarán a la puerta y pedirán tu complicidad en sus
mezquinos proyectos. Todo lo que ves es un cuento interminable que una
hormiga recitó una noche de verano sobre las ruinas de un televisor.


E                     Pensar demasiado es peligroso.
S                      Pensar en las cosas es peligroso.
T                      Si piensas nunca digas lo que piensas.
R                     Yo, desde que no pienso, vivo mejor.
I                       No sufro, pero vivo mejor.  
B                      Decidir por tu cuenta es peligroso.
I                       Recordar el pasado es peligroso.
L                      La historia la inventan 
L                      periodistas y políticos.
O                     Nada de lo que dicen podrá ser
                        utilizado en su contra.



Yo, desde que no pienso, vivo mejor.
No sufro, pero vivo mejor. 

sábado, 9 de enero de 2010

Arquitectura entre Laberintos




Arquitectura entre Laberintos



Mi hermana y yo jugábamos a perdernos en el pueblo, en donde había un hotel muy grande, que poseía inmensos jardines, en ellos me perdí.

Al caminar me topé con un hombre: un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos, que al hablar, decía saber donde se encontraba la secreta Ciudad de los Inmortales.

Escuché que decía:

    …atravesé el río y presencié anfiteatros, templos, muros, arcos, frontispicios y foros que ella poseía, el fundamento era una meseta de piedra. Un centenar de nichos irregulares surcaban la montaña y el valle, en un principio no encontraba su entrada, así que me refugié en una caverna; en el fondo había un pozo, en el pozo una escalera que me llevó al interior de una vasta cámara circular, había nueve puertas, ocho daban a un laberinto que falazmente desembocaba en la misma cámara, la novena a través de otro laberinto daba a una segunda cámara circular, de pronto unos peldaños de metal escalaban el muro, los subí, fui divisando capiteles y astrágalos, frontones triangulares y bóvedas, confusas pompas de granito y mármol. Así que me fue deparado a ascender de la ciega región de negros laberintos entretejidos a la resplandeciente ciudad… Me encontré en un patio, al que lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable, era un palacio en el cual la arquitectura era representada por incipientes muros, columnas y cúpulas que carecían de fin, estaba sola, como abandonada y sin embargo reluciente. Regresé tomando el mismo camino. Solamente eso puedo recordar, desde entonces no duermo, no como tampoco bebo por no poseer deseo de ello. ¿Acaso, seré yo un inmortal?

    Di media vuelta, y me alejé de aquel hombre sumergido en sus pensamientos, caminé, y seguí caminando y al dar un giro escucho:

    ¿Dónde estás?

    ¡Déjame de nuevo contemplarte!

    ¿Dónde estás Aleph?

    No entendí a ciencia cierta qué es lo que andaba buscando, sin embargo la desesperación en su voz se notaba. A la impronta luz, se cruza en mi camino un sujeto que da la impresión de tener una máscara en su rostro, su cara la tapa una bolsa de color oscuro, la que porta dos agujeros para ver, tímidamente se acerca y me observa detalladamente, sentí que no era lo que él esperaba, rompiendo su angustia me contó:

    Mi madre es una reina, dulce y justa. En cambio a mí, se me acusa de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de…bueno, tales acusaciones yo castigaré a su debido tiempo. Es verdad que no salgo de aquí, de ésta, mi casa, se que las puertas están abiertas día y noche a los hombres y también a los…bueno, que entre el que quiera, por ello estas tu aquí, por esa misma accesibilidad. A veces me siento como un prisionero. Por lo demás, algún atardecer he pisado otras calles; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras desconocidas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. Esa gente al verme oraba, se prosternaba, no en vano fue una reina mi madre, no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera. El hecho es que soy único. Me entretengo corriendo por estas galerías, las cuales tu habrás de recorrer, pues pendiente estoy de quien va entrando, esperando reconocer a mi redentor, pues hace nueve años entraron por aquí nueve hombres juntos, uno de ellos me confesó su existencia. Desde ese momento me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor, sé que al encontrarlo, al fin acompañará a mi dulce madre y abogarán por mí. ¿Cómo será mi redentor me pregunto, acaso tú me darías una señal para ir hacia él y abrazarlo?

    Paramos de caminar para contemplar de repente el brillar de una placa dorada en la que leí:

    No habrá nunca una puerta. Estas dentro y el alcanzar abarca el universo y no tiene anverso ni reverso ni externo muro ni secreto centro. No esperes que el rigor de tu camino que tercamente se bifurca en otro, que tercamente se bifurca en otro, tendrá fin. Es de hierro tu destino como tu juez. No aguardes la embestida del toro que es un hombre y cuya extraña forma plural da horror a esa maraña de interminable piedra entretejida. No existe. Nada esperes, ni siquiera en el negro crepúsculo la fiera.

    De pronto mi acompañante me da la espalda, diciendo, ¡Ese escrito aparece siempre en el sendero de mi camino, más aún cuando alguien me acompaña, en los momentos de ternura y belleza que siente mi corazón! - y grita al cielo -: ¿Cómo será mi redentor? ¿Será un toro o un hombre? Volteándose me da el frente sin máscara, llorando a mis pies se cuestiona mesuradamente ¿será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

    Hombre o bestia, una mutación poseía, se alejó por temor a que me burlara. Traté de retenerlo, pero no fue posible. Lo ocurrido indicaba que estaba en un sitio muy singular, por lo cual empecé a indagar. Subí por una escalera, que me llevó a una entrada, en la que mi sorpresa fue mayor al encontrarme con un espacio compuesto de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercado por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. Una persona amable me dice:

    ¡Entra, pasa a este universo, que lo han catalogado como la biblioteca!

    Sin duda alguna era el guardián, era pues el bibliotecario, que guiándome con la mano señala:

    La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado cubren todos los lados menos dos, cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas, cada página de cuarenta renglones, cada renglón de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas; su altura que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un hermoso zaguán hay dos gabinetes minúsculos: uno permite dormir de pie; otro satisfacer las necesidades fecales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias.

    Aquí he viajado en mi juventud, he peregrinado en busca de un libro, un libro que posea los veinticinco símbolos ortográficos, un libro total, que signifique o que me indique algo, que me explique y que me haga entender, pues en otro he leído que los libros nada significan entre sí, pero también dicen que existe uno único, el cual, da la sabiduría completa y el descanso. Ayúdame a encontrarlo, pues lo compartiremos.

    Desconcertado por el lugar, fingí estarle ayudando, observé cuidadosamente el espacio, realmente era increíble, sentía que simplemente mi mirada se perdía en él, por lo que me costaba mucho trabajo retenerla. Tomé un libro dorado, descuidadamente se deslizó entre mis dedos cayendo al piso, indicando sugerentemente el siguiente texto:

    Me encuentro delante de un altar de tierra donde flamea un fuego de hierbas secas, al que con brazos extendidos y mirando hacia arriba cantaba: El cielo es mi padre, el me ha engendrado. Tengo por familia todo este acompañamiento celeste. Mi Madre es la gran Tierra.

    Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y que los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía un laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: ¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te venden el paso. Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

    El canto duró hasta el anochecer, era noche de luna nueva, desciende de la colina marchando bajo las encinas, prestando atención como antes a las voces evocadoras del bosque. Se encontraba de nuevo ante el templo abierto de ancho portal, pues las columnas ya habían subido hasta el cielo posándose ante él, una mujer bella se le acerco; llevaba una magnífica corona, su cabellera tenía color oro, su piel la blancura de la nieve y sus ojos el brillo profundo del azul del cielo después de la tempestad. Ella le dijo: Yo era la mujer salvaje; por ti he llegado a ser la esposa radiante y glorificada, ¡Oh, mi dueño y mi rey!, mis pasos han de enaltecer la entrada de tu palacio, pues brillara majestuoso durante esas noches de soledad lunar; mi presencia por el día, añadirá a los corredores que circulan el estar las cálidas sensaciones en colores ocres y amarillos que no brinda la piedra por su seriedad; y si así lo deseas, mis vestimentas serán teñidas del color del salpicar de las fuentes que posees en el jardín.

    Él guardó silencio por un instante. Su mirada sumergida en los ojos de ella, media el abismo que separaba la posesión completa del eterno adiós. Pero sintiendo que el amor supremo posó su mano libertadora sobre la frente de la mujer, bendiciéndola le dijo: Adiós, se libre y no me olvides, pues yo no habitaré ese palacio al que tú has de habitar, no con el color trasparente del agua al salpicar, sino con el color del alba teñido por tu suspirar, y si así lo deseas, mis vestimentas serán…

    ¿Qué estás leyendo? - interrumpe el bibliotecario -

    ¿Acaso lo has encontrado?

    De inmediato dejé el libro en sus manos, y escapé como pude de ese lugar de sabiduría que ahoga.

    Por el correr de prisa, crucé otra puerta, que me introdujo a una galería de sensación elíptica, con el techo tan alto como el espacio de la catedrales góticas, que parecía tener anuncios y leyendas, entre las cuales leí:

    "Soy el único hombre en la tierra… y poseo el castillo mismo en el que ahora mismo piensas tú... Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna. He soñado la tarde y la mañana del primer día. He soñado a Virgilio… y las escenas de la Divina Comedia de Dante... He soñado la geometría. He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen. He soñado el amarillo, azul y el rojo. He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo en el alba. He soñado la duda y la incertidumbre. He soñado el día de ayer. Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido. Acaso sueño haber soñado."

    En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a ti escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

    El templo predilecto, la plaza del mercado, los jardines de la escuela, tu casa… un monumento de una tarde sin duda inolvidable…, así como…el rojo espejo occidental en que arde una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas…ciegas y extrañamente sigilosas! Durarán más allá de nuestro olvido, no sabrán nunca que nos hemos ido.

    En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en el que se odian dos colores. Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero, caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores. Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no se habrá cesado el rito. En el oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito. Dios mueve al jugador y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza…?

    Al pasar al siguiente esquema de letras mis pasos delataron el sonido de algo que se encontraba en el suelo, era…una moneda común, de veinte centavos. Camine embelesado con la moneda, la apretaba en las manos para asegurarme que aún se encontraba ahí. Pensé que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen en la historia y la fábula. Pensé en el óbolo de Caronte, en el óbolo que pidió Belisario; en los treinta dineros de Judas; en las dracmas de la cortesana Laís; en la antigua moneda que ofreció uno de los durmientes de Éfeso; en las claras monedas del hechicero de las 1001 Noches…pensé que nada hay menos material que el dinero…el dinero me puede permitir la entrada a un restaurante, en las mesas copas y velas, adornos florales y enfrente de mí, el sonido transmitido por un saxofón acompañado de una melodiosa voz, a mi lado el ser de mis deseos y en el plato un rico flan,…vaya una moneda simboliza nuestro libre albedrío. La miré, nada tenía en particular salvo unas ralladuras.

    Mientras sorprendido escucho:

    - Te cambio al Zahir por mi Aleph

    ¿Mi Zahir por tu Aleph?

    - Si, por mi Aleph, yo lo hube buscado y encontrado.

    ¿Y donde lo encontraste?

    - En la calle Garay, dentro una casa vieja, en el ángulo izquierdo del sótano.

    ¿Y qué es un Aleph?

    - ¡Ah! es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos. Entonces, ¿cambiamos?

    ¿Y, es tuyo?

    - Claro que es mío… yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. En el sótano, ya te lo dije. Mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

    ¿Me puedes describir que es el Aleph?

    - Si, es el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

    (Por un momento pensé que este tipo estaba loco) ¿Déjame verlo?

    - ¡Dame el Zahir y lo veraz!

    Ten la moneda.

    - El Aleph está aquí, bajando este sótano… me voy, bajo la trampa y te quedas solo, para que no se vaya querer escapar,…claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio…baja; muy en breve…

    Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales…empecé a buscar… cerré los ojos y los abrí. Entonces lo vi, el espacio cósmico estaba ahí.

    Vi al rey de la reina y de los hechicero… ciudad en donde…los Yahoos duermen donde los encuentra la noche…

    Vi…a una chica que ha enloquecido y que en su dormitorio los espejos están velados pues en ellos ve un reflejo usurpando el suyo, y tiembla y calla por ser consciente o inconscientemente perseguida mágicamente.

    Vi…un sentido en lugar de cinco, en un mundo de individuos que pueden comunicarse entre ellos, por medio de palabras, como dijo Schopenhauer, la música no es algo que se agrega al mundo; la música ya es un mundo.

    Vi un edificio…dentro de un terreno rectangular de seis metros de frente y algo menos de dieciocho de fondo. Cada una de las seis puertas que agotan la fachada de la planta baja comunica, al cabo de noventa centímetros, con otra puerta igual de una sola hoja y así sucesivamente, hasta llegar al cabo de diecisiete puertas, al muro de fondo. Sobrios tabiques laterales dividen los seis sistemas paralelos, que forman un conjunto de ciento dos puertas. Desde los balcones de la casa de enfrente, el estudioso puede atisbar que el primer piso abunda en escaleras de seis gradas que ascienden y descienden en zigzag; el segundo, consta exclusivamente de ventanas; el tercero, de umbrales; cuarto y último, de pisos y techos, el edificio es de cristal.

    Vi el populoso mar, el alba y la tarde,

    vi las muchedumbres de América,

    vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo,

    vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó,

    vi racimos, vi nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua,

    vi un círculo de tierra seca en una vereda,

    vi la noche y el día contemporáneo,

    vi tigres, bisontes, marejadas y ejércitos,

    vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte,

    vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra,

    vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré,

    porque mis ojos habían visto ese objeto, ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpaban los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

























Para ver
Bibliografía y extras,

miércoles, 6 de enero de 2010




Y yo, que en pequeñas partículas
dormitaba en el fondo de mis ojos
al momento afloré.
Y creo que él me vio.
Antes de volver a sedimentarse en lo profundo me vio.
Aparecí como un círculo que danza,
como franja de vasija,
y en cada figura me mostraba diversa.
Aparecí como un cortejo de mujeres distintas,
y el rostro de cada una era el genuino.
Aparecí, y al instante, me desvanecí como un trasgo.
Pero creo que él me vio.
Y aun así quise regresar, asomarme,
contemplarlo con mis innumerables ojos,
abrumarlo con las múltiples imágenes, todas verdaderas,
con el recitado de mis muchos nombres;
consentirle de nuevo sorprenderme,
revelarme bajo mi única
                                              apacible
                                                             e invariable máscara.
Sí, eso quise.

Ana Rossetti

lunes, 28 de diciembre de 2009

Los Amantes Desconocidos





      LOS AMANTES DESCONOCIDOS - Alejandro Dolina



 La sociedad de Amantes Desconocidos de Flores fue tal vez la entidad mas
secreta del barrio. Su misma naturaleza hacia imprescindible la discrecion.
 Hace algunos años, cada vez que alguien recibia una carta de amor sin firma
los hombres sabios no vacilaban en atribuirla a la Sociedad. Era esto un error:
siempre han existido enamorados ocultos, sin que haga falta inventarlos.
 Por otra parte, cabe razonar que la obra de los Amantes Desconocidos solo
pudo tener buen efecto en la medida en que no les fuera atribuida.
 Se calcula que en los años de su actuacion, la Sociedad fraguo mas de dos
mil historias de amor.
 El procedimiento habitual era sencillo. Sin mayores ceremonias se elegia a una
persona cualquiera. La mayoria de las veces se trataba de solitarios, melanco-
licos, desengañados, aburridos o simplemente amigos a quienes la entidad
deseaba favorecer.
 El paso inmediato consistia en crear un amante ficticio para la persona
elegida. Un equipo de ingeniosos creativos se encargaban del asunto. A los
ingenieros les inventaban adolescentes picaras. A las modistas de la calle
Moron les dibujaban nobles  arruinados. A los Hombres Sensibles les hacian
amantes romanticas y tragicas, pero tambien muy pechugonas, que eran una
verdadera delicia.
 Una vez establecidas las caracteristicas generales del amante ficticio, se
enviaba la primera comunicacion. Asi, muchos hombres y mujeres de Flores
recibieron sorpresivas declaraciones anonimas que los llenaron de estupor.
 Se transcribe a continuacion la carta que llevara el numero de orden 1114.
  "Querido ingeniero Atilio D. Gallardo:
   Le escribo desde las tinieblas  de mi soledad. Le ruego que me disculpe si
usurpo su preciosa intimidad. Pero existe, mi querido ingeniero, un sentimiento
dentro de mi que ya no puedo dominar.
   Es preciso que usted sepa que lo amo, ingeniero.
   Usted no me conoce... O para decirlo mejor: usted jamas ha reparado en mi.
   Quien soy...?  No creo que valga la pena que usted lo sepa. Digamos que me
llamo Luisa, aunque ese no es mi verdadero nombre. Algunos dicen que soy joven
y hermosa, pero tal vez exageran.
   Ah... si supiera, ingeniero, cuantas veces he llorado por usted.
   Si supiera cuantas noches  he despertado llorando y pronunciando su nombre:
Atilio. En mi cuarto tengo un pequeño retrato suyo que he recortado de la
revista "Temas de la construccion."
   Usted tal vez se ria de los delirios de una pobre muchacha enamorada. Pero
ya no puedo luchar mas contra mi corazon, ingeniero.
  Quiero proponerle algo. Escribame. Cuenteme algo de su vida. Desde luego,
todavia no pienso revelar mi verdadera identidad, de modo que debera usted
dirigirse a  Luisa, Casilla de Correo 32.
   Un beso apasionado de su Luisa."

  Despues comenzaba la verdadera historia. El ingeniero respondia, Luisa escri-
bia otra vez, el ingeniero reclamaba un encuentro, Luisa se negaba... Y entre
carta y carta  se iban conociendo e interesando cada vez mas.
  Por supuesto, el encuentro no debia producirse jamas. Y esta es en verdad una
regla de oro de los amantes desconocidos, reales o ficticios.
  Toda relacion debera girar alrededor de un encuentro futuro. Pero es
fundamental el no encontrarse nunca. Las razones se ven venir: todo amante
desconocido es perfecto. Tiene la cara que uno desea. Es, a nuestro capricho,
morocho, rubio o ambas cosas a un tiempo. El amante desconocido no tiene
defectos, no tartamudea, no fastidia con cosas cotidianas. Pero hay una virtud
fundamental: por no ser nadie es tambien todas las personas del mundo. Si se
comete el desatino de darle una identidad cierta , el amante desconocido se
achica, aunque sea un angel. Si es alto, ya no podra ser petiso. Si es
atletico, ya no podra ser enclenque. Si es Juan, ya no podra ser Pedro.
Si es Luisa, ya no podra ser Esther.

   Por estos mismos motivos, la Sociedad de Amantes Desconocidos jamas enviaba
fotografias aunque si las reclamaba de sus beneficiarios.
   La actividad de estos filantropos tenia por objeto  combatir la soledad y la
desdicha. Y cabe señalar que su accion despertaba en los vecinos del barrio
un sano espiritu de emulacion. Al conocer la existencia de enamorados secretos,
muchas personas descubrian dentro de si esa misma condicion. Y asi, junto a los
amantes de ilusion creados por la Sociedad, cundieron los amantes secretos
verdaderos.
  En sus buenos tiempos, Manuel Mandeb se carteaba con cuatro amores
misteriosos. El pensador sospechaba que por lo menos dos eran obra de la
Sociedad, mas que nada, por el papel barato de las cartas. Pero sus
investigaciones lo llevaron a comprobar la existencia cierta de las otras dos.
Una de ellas resulto ser una compañera de un curso de guitarra que Mandeb
seguia penosamente. Cuando el hombre se presento ante ella con las cartas en
la mano, la chica rompio a llorar y huyo para siempre.
  La ultima de las amantes secretas era -segun se supo mucho despues- Beatriz
Velarde, la piba mas hermosa de FLores, de quien -a su vez- Mandeb era enamora-
do secreto en otra coleccion de cartas.
  Pero estaba escrito que Manuel y Beatriz no se amaran nunca.
  El ingreso a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humoristicos y
malevolos provoco una serie de catastrofes que marcaron al decadencia de la
Sociedad.
  Estos profesionales, que perseguian unicamente la diversion personal, empeza-
ron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas chuscas.
  De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de Garcia Vassari se
presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo
del pasaje Trieste.
  Asimismo fueron los culpables de infinidad de divorcios, riñas, peloteras y
toletoles entre los matrimonios mas acrisolados de Flores.
  Pero hay que mencionar un fenomeno curioso que les ocurria a casi todos los
miembros de la Sociedad.
  Conforme avanzaba la correspondencia con los beneficiarios, muchos guionistas
se enamoraban de verdad. La conocida redactora publicitaria Luz Vasallo se
volvio loca de amor por el poeta Jorge Allen, cuyo caso atendio durante meses.
Para evitar estas situaciones, las autoridades de la entidad resolvieron una
rotacion de guionistas. Pero el resultado fue desastroso. Las cartas perdian
coherencia y verosimilitud, pues los redactores no alcanzaban a compenetrarse
debidamente en su funcion.
  Sobre el final de sus actividades Amantes Secretos recurrio al telefono.
  No fue una experiencia feliz. El lenguaje telefonico es menos tolerante con
la creacion artistica y -por lo demas- muchos guionistas soltaban la carcajada
en medio de las charlas, provocando cierta perplejidad en el cliente.
  El juego de los Amantes Desconocidos era sin duda apasionante. Pero aunque
admitia procesos mas o menos prolongados, al cabo termianban por extinguirse.
  Nadie puede resistir mucho tiempo la tentacion de conocer. Todos, tarde o
temprano, exigen al consumacion del amor epistolar.
  Y asi terminaban todas las historias. La mayoria de las veces con el silencio
y el olvido. En alguna ocasion, con encuentros mas bien desteñidos.
  Ives Castagnino, el musico de Palermo, se encontro una vez con una dama
desconocida que le habia enviado cartas durante años. Cuando la vio en la
esquina, se acerco y le dijo:
  - Buenas noches. Soy el desengaño.
  Hoy ya nadie habla de los Amantes Desconocidos de Flores. Pero esta entidad
sin fines de lucro bien puede dejar en nuestro espiritu la sombra de una idea.
  Por que no convertirse uno en Amante Desconocido? Por que no ayudar con ilu-
siones  a tantas almas solitarias que andan por la cuadra?
  La vida esta poniendose muy aburrida. Seria maravilloso recibir una mañana
de estas una nota perfumada y llena de besos que viene de no se donde.
  Dejo la inquietud a tantos guionistas, redactores, poetas y literaros que
malgastan su tiempo jugando al billar.







[FIN]




Danger Mouse & Sparklehorse "Stars Eyes (I Can't Catch It)" feat. David Lynch


sábado, 26 de diciembre de 2009

¿Cómo podré olvidarte?

 

 
  ¿CÓMO PODRÉ OLVIDARTE?


Quiero olvidarme
de que te amo.
De que tu amor volará
con la pasión de la noche.

Quiero olvidarme
de sentirte
tan cerca, tan lejos.
Tus pasos caminándome
como dalias de cenizas
sobre mi desconsolado cuerpo.

Quiero olvidarme
de presentirte
tan lejos de mí,
y aún yo amarte.

Quiero olvidarme
de que existes.
Tu amor en mi boca
nos despierta la piel
para olvidarnos.
Quiero olvidarme
del olvido,
causado por el amor
de tus manos
sobre el lecho,
sobre el lecho dominante
de nuestros primeros besos.

Quiero olvidarme
de tu presencia.
Tu presencia nacida
nacida sobre mi cuerpo.

Quiero olvidarme
de que te amo,
de que existes,
de sentirte,

De presentirte,
de tu presencia,
de nuestro amor,
del olvido,
de tus pasos
y de tus manos
que tienen el pecado
de besarme la piel
sobre el lecho nacido
nacido sobre el tiempo,
sobre el tiempo de amarte.

Quiero olvidarme
de que te amo,
pero todavía no sé...
¿Cómo podré olvidarte?



Iván Segarra Báez

sábado, 19 de diciembre de 2009

SERÁ...




SERÁ...

Será que estoy un poco húmeda
de hueso y carne.
Será que el pasado fue parte de la novela
develada
atormentadas noches y secretos de amor
prohibido.
Será que en un tiempo remoto
la soledad oscureció instantes
y nadie salió en defensa.
Será que hay batallas que el destino
nos permite ganar
y otras no
como un sino que está escrito.

Será que uno va cambiando
los arrebatos dejan de ser incendio
y pasan a ser llama
o destellos inhóspitos.
Será que la adultez corrompe
parte del asombro
y la ingenuidad de los primeros días.

O será que como el ave fénix
estoy nuevamente renaciendo
dispuesta a todo
por vivir


Claudia Ainchil

domingo, 15 de noviembre de 2009

Construção




Construção (Chico Buarque)
 Visualizar Canción Original Completa

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego

Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público

Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado

Por esse pão pra comer, por esse chão prá dormir
A certidão pra nascer e a concessão pra sorrir
Por me deixar respirar, por me deixar existir,
Deus lhe pague
Pela cachaça de graça que a gente tem que engolir
Pela fumaça e a desgraça, que a gente tem que tossir
Pelos andaimes pingentes que a gente tem que cair,
Deus lhe pague
Pela mulher carpideira pra nos louvar e cuspir
E pelas moscas bicheiras a nos beijar e cobrir
E pela paz derradeira que enfim vai nos redimir,
Deus lhe pague

(1971)








-Construcción-
Nacha Guevara, Letra de Mario Benedetti
Textos Impares - 1/03/08 


martes, 10 de noviembre de 2009

Sacrificio






SACRIFICIO
Philip K. Dick



El hombre salió al porche delantero y contempló el día. Claro y fresco... El rocío cubría la hierba. Se abrochó la chaqueta y hundió las manos en los bolsillos.
Mientras bajaba la escalera, las dos orugas que esperaban junto al buzón cuchichearon entre sí.
- Ahí va - dijo la primera -. Envía tu informe.
Cuando la otra empezó a girar sus antenas, el hombre se detuvo y dio media vuelta.
- Os oí - dijo.
Golpeó con el pie la pared, y las dos orugas cayeron sobre el pavimento. Las aplastó.
Después bajó corriendo por el sendero hasta la acera. Miró con recelo a su alrededor. Un pájaro daba saltitos en el cerezo, picoteando las cerezas. El hombre lo examinó. ¿Algún problema? El pájaro levantó el vuelo. No, ningún problema con los pájaros.
Siguió adelante. En la esquina tropezó con una telaraña que se extendía desde los matorrales al poste telefónico. Su corazón latió con violencia. Manoteó frenéticamente para abrirse paso. Luego miró por encima del hombro y comprobó que la araña se acercaba desde el matorral para inspeccionar los desperfectos de su obra.
Las arañas constituían un enigma. Necesitaba más hechos... Aún no se había producido ningún contacto.
Se detuvo en la parada del autobús. Golpeó el suelo con los pies para hacerles entrar en calor.
El autobús llegó y él subió a la plataforma, contento de sentarse entre la gente cálida y silenciosa que miraba al frente con indiferencia. Una vaga oleada de seguridad le invadió.
Rió entre dientes y se relajó, por primera vez en muchos días.
El autobús prosiguió su camino.


Tirmus agitó sus antenas, excitada.
- Votad, si ése es vuestro deseo - ascendió por el montículo -, pero antes de empezar dejadme que os recuerde lo que dije ayer.
- Ya lo sabemos - dijo Lala con impaciencia -. Pongámonos en marcha. Ya hemos trazado los planes. ¿Qué nos detiene?
- Más a mi favor. - Tirmus paseó la mirada por los dioses allí reunidos -. Toda la Colina está preparada para atacar al gigante en cuestión. ¿Por qué? Sabemos, sin ningún género de dudas, que no puede comunicarse con sus congéneres. El tipo de vibración, el lenguaje que utiliza, todo hace imposible que logre popularizar la idea que tiene de nosotros, de nuestros...
- Tonterías. - Lala se irguió -. Los gigantes se comunican muy bien.
- ¡No existe la menor noticia de que un gigante haya hecho pública ninguna información sobre nosotras!
El ejército se removió, inquieto.
- Adelante - dijo Tirmus -, pero es un esfuerzo vano. Es inofensivo..., está aislado. ¿Para qué perder el tiempo en...?
- ¿Inofensivo? - Lala la miró fijamente -. ¿Es que no lo comprendes? ¡Sabe lo que está ocurriendo!
Tirmus bajó del montículo.
- Me repugna la violencia innecesaria. Deberíamos guardar nuestras fuerzas para el día que las necesitemos.
Se procedió a la votación. Como era de esperar, el ejército se manifestó a favor de atacar al gigante. Tirmus suspiró y trazó un mapa sobre la tierra.
- Éste es el lugar donde vive. Es lógico suponer que volverá cuando termine la jornada. La situación, según mi punto de vista...
Siguió desarrollando su plan sobre el suave terreno.
Uno de los dioses se inclinó hacia su compañero hasta que las antenas se tocaron.
- Este gigante no tiene la menor oportunidad de salvarse. Por una parte, me da pena. ¿Por qué se le ocurrió entremeterse?
- Un accidente - sonrió el otro -. Ya sabes la manía que tienen de meter las narices en todo.
- Lo siento por él, a pesar de todo.


Anochecía. La calle estaba oscura y desierta. El hombre avanzaba por la acera, con el periódico bajo el brazo. Caminaba con rapidez, echando furtivas miradas a su alrededor. Rodeó el gran árbol plantado en la esquina y cruzó ágilmente la calle hacia la acera opuesta. Al girar la esquina se enredó con la telaraña, tejida desde el matorral al poste telefónico. Manoteó de forma automática para librarse del repelente contacto. Entonces escuchó un débil murmullo, metálico y agudo.
- ...¡espera!
El hombre se detuvo.
- ...cuidado..., dentro..., espera...
Su mandíbula colgó flojamente. Los últimos hilos se rompieron en sus manos y prosiguió su camino. La araña se deslizó detrás de él por los restos de la tela, esperando. El hombre volvió la vista atrás.
- Estás chiflada - dijo -. No me voy a arriesgar a quedarme ahí bien atadito.
Llegó al sendero que conducía a su casa. Lo subió, evitando aproximarse a los matorrales. Sacó la llave y la metió en la cerradura.
Se inmovilizó. ¿Dentro? Mejor que fuera, en especial de noche. Un período malo, la noche. Demasiado movimiento bajo los matorrales. Malo. Abrió la puerta y entró. La alfombra, un pozo de negrura, se extendía ante él. Al otro lado vislumbró la forma de una lámpara.
Cuatro pasos hacia la lámpara. Alzó un pie. Se detuvo.
¿Qué había dicho la araña? ¿Esperar? Esperó, y escuchó. Silencio.
Sacó el mechero y lo encendió.
Una alfombra de hormigas cayó sobre su cabeza, como un diluvio. Ganó el porche de un salto. Las hormigas se arrastraron con toda la velocidad de que eran capaces sobre el suelo, a la débil luz que entraba por las ventanas.
El hombre rodeó la casa. Cuando la primera oleada de hormigas se derramó en el porche, ya estaba girando la llave del agua, con la manguera preparada.
El chorro de agua dispersó las hormigas. El hombre ajustó la lanza de la manguera, forzando la vista para discernir en la oscuridad. Avanzó y disparó el chorro de un lado a otro.
- Malditas seáis - dijo con los dientes apretados -. Así que espera adentro...
Estaba aterrorizado. Dentro... ¡nunca antes! Un sudor frío le cubría la cara. Dentro. Nunca habían entrado antes. Alguna mariposa, y moscas, por supuesto. Pero eran inofensivas, ruidosas...
¡Una alfombra de hormigas!
Las roció salvajemente hasta que rompieron filas y fueron a refugiarse en la hierba, en los matorrales, bajo la casa.
Se sentó en la acera, sin dejar de aferrar la manguera, temblando de pies a cabeza.
Lo habían planeado a la perfección. No se trataba de un ataque rabioso, frenético y espasmódico, sino de una acción de guerra planificada en todos sus detalles. Le habían esperado. Un paso más.
Gracias a Dios por la araña.
Cortó el agua y se puso en pie. No se oía el menor ruido; silencio absoluto. Los matorrales se agitaron. ¿Un escarabajo? Algo negro surgió; lo aplastó con el pie. Un mensajero, probablemente. Un corredor de primera. Entró cabizbajo en la casa, iluminándose con el mechero.
Estaba sentado ante su escritorio, con el pulverizador de acero y cobre a mano. Acarició la fría superficie con los dedos.
Las siete. La radio sonaba con el volumen muy bajo. Se inclinó hacia adelante y movió la lámpara del escritorio para que iluminara el suelo.
Encendió un cigarrillo. Cogió papel y pluma. Reflexionó unos minutos.
Lo habían planeado todo para eliminarle. La desesperación se abatió sobre él como un torrente. ¿Qué podía hacer? ¿A quién iba a pedir ayuda? ¿Quién le iba a creer? Apretó los puños y se irguió en la silla.
La araña se dejó caer sobre el escritorio.
- Lo siento. Confío en que no te haya asustado, como en el poema.
El hombre la contempló sin pestañear.
- ¿Eres la misma? ¿Aquella de la esquina? ¿La que me avisó?
- No, ésa era otra. Una Hilandera. Yo, en concreto, soy una Masticadora. Observa mis mandíbulas. - Abrió y cerró la boca -. Me las como a puñados.
- Estupendo - sonrió el hombre.
- Desde luego. ¿Sabes cuántas de nosotras hay en, digamos, un acre de tierra? A ver si lo adivinas.
- Un millar.
- No. Dos millones y medio, de todas clases: Masticadoras, como yo, o Hilanderas, o Picadoras.
- ¿Picadoras?
- Son las mejores. Por ejemplo, la que llamáis viuda negra. Muy valiosa. Pero...
- ¿Qué?
- También tenemos nuestros problemas. Los dioses...
- ¡Dioses!
- Hormigas, como decís vosotros. Los líderes. Están por encima de nosotras. Es una pena. Tienen un sabor detestable..., me enferma. Vamos a abandonarlas en favor de los pájaros.
El hombre se puso en pie.
- ¿Los pájaros? ¿Son...?
- Bueno, hemos llegado a un acuerdo. Esto ya ha durado mucho tiempo. Te contaré la historia. Aún nos queda un poco de tiempo.
El corazón del hombre se contrajo.
- ¿Algo de tiempo? ¿Qué quieres decir?
- Nada. Un problemilla sin importancia que se suscitará más tarde. Deja que te cuente los antecedentes. Creo que no los conoces.
- Adelante, te escucho.
Empezó a pasear por la habitación.
- Ellas gobernaban la Tierra muy bien, hace un millón de años. Los hombres vinieron de otro planeta. ¿De cuál? Lo ignoro. Aterrizaron y decidieron apoderarse de la Tierra. Hubo una guerra.
- Así que somos nosotros los invasores - musitó el hombre.
- Pues sí. La guerra condujo a la barbarie a ambos bandos. Vosotros olvidasteis vuestros conocimientos, y ellas degeneraron en un sistema de clases sociales muy rígido, hormigas, termitas...
- Entiendo.
- El último grupo de hombres que recordaba la historia nos adiestró. Fuimos educadas - la araña rió entre dientes a su manera -, educadas en algún lugar para este propósito. Las mantuvimos a raya. ¿Sabes cómo nos llaman? Las Devoradoras. Desagradable, ¿verdad? Dos arañas más descendieron hacia el escritorio. Las tres se agruparon para conferenciar.
- Es mucho más serio de lo que pensaba - dijo la Masticadora - No sabía absolutamente nada. La Picadora...
La viuda negra se aproximó al borde del escritorio.
- Gigante - gritó con voz aflautada -, me gustaría hablar contigo.
- Adelante - dijo el hombre.
- Vamos a tener algunos problemas. Se acerca un ejército de hormigas. Nos quedaremos contigo un rato.
- Entiendo. - El hombre se mojó los labios y se alisó el pelo con dedos temblorosos -. ¿Crees que... hay alguna oportunidad de...?
- ¿Oportunidad? - La Picadora osciló pensativamente -. Bueno, hace mucho tiempo que nos dedicamos a esta tarea. Casi un millón de años. A pesar de los inconvenientes, pienso que les llevamos ventaja. Nuestros acuerdos con los pájaros y, por supuesto, con los sapos...
- Creo que podemos salvarte - interrumpió la Masticadora con optimismo -. De hecho, prevemos acontecimientos como éste.
Por debajo de las tablas del piso se oyó un sonido distante y rasposo, el ruido de una multitud de alas y garras diminutas que vibraban débilmente. Al oírlo, el hombre se puso a temblar.
- ¿Estáis seguras? ¿Podréis hacerlo?
Se secó el sudor que se agolpaba sobre el labio superior y cogió el pulverizador.
El sonido aumentaba de potencia, dilatándose bajo el suelo, bajo sus pies. Los matorrales cercanos a la casa se agitaron y varias mariposas volaron hacia la ventana. El sonido crecía en intensidad por todas partes, un ascendente murmullo de cólera y determinación. El hombre miró de un lado a otro.
- ¿Seguro que podéis hacerlo? - murmuró -. ¿Podéis salvarme?
- Oh - exclamó la Picadora, confundida -. No me refería a esto. Me refería a las especies, a la raza..., no a ti como individuo.
El hombre la miró boquiabierto y las tres Devoradoras se removieron, incómodas. Otras mariposas se estrellaron contra la ventana. El suelo bajo sus pies se combaba.
- Entiendo - dijo el hombre -. Lamento haber comprendido mal vuestras palabras.



[FIN]




Philip Glass - Koyaanisqatsi